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Resiliencia comunitaria

The Council Fire llega con una familia en la portada

Un mundo que se calienta, la IA y el hambre, y cuerpos que viven en alarma. The Council Fire ya salió, con una portada nueva, y lleva un camino para cruzar que ya se ha recorrido antes.

Desde hace unos quince años me vuelve el mismo sueño. Camino por un mundo que es conocido y a la vez está roto, y del silencio se enciende un fuego de consejo. Me llevan a una gran sala redonda bajo un cielo lleno de estrellas, y tomo mi lugar entre ancestros de todos los rincones de la tierra: agricultores de temporal y pastores de renos, sanadores y navegantes del océano, los guardianes de los desiertos, los bosques y las estepas. Entre nosotros se sientan científicos e ingenieros, y escuchan. Todo lo que se trae a ese fuego se pesa frente a una sola pregunta. ¿Esto va a repetir los ciclos del colapso, o honra a las generaciones que todavía no han nacido?

Ese sueño ha movido casi todo mi trabajo desde entonces. Por él volví al doctorado, por él me siento a la mesa con naciones tribales y con la gente que está construyendo nuestra tecnología más nueva, y por él escribí The Council Fire. Esta última semana el libro salió con una portada nueva, y quiero decir con claridad lo que es. Es más que un relato.

El suelo que pisamos

Estamos entrando en un tiempo de incertidumbre global, y lo estudio todos los días, porque un mensajero lejano tiene que leer el terreno antes de cruzarlo. Así está el terreno este octubre.

El clima está cambiando, y el registro no tiene nada de sutil. La Organización Meteorológica Mundial confirmó que 2024 fue el año más cálido jamás medido, unos 1.55 grados Celsius por encima del promedio preindustrial, y que los últimos diez años son los diez más cálidos de los que se tiene registro. Los océanos absorbieron más calor en 2025 que en cualquier año desde que empezaron las mediciones modernas. Y este otoño se está formando un súper El Niño en el Pacífico. El boletín de octubre de la NOAA le da un 83 por ciento de probabilidad de convertirse en el más fuerte desde que empezaron los registros en 1950, con el Pacífico oriental 2.3 grados Celsius por encima del promedio. Mis padres nunca oyeron las palabras «súper El Niño». Mis tías tampoco. Pregúntele a cualquier anciano cuándo fue la última vez que hubo un clima así, y le dirá que fue cuando el pueblo fue desterrado del Tercer Mundo, el mundo que vino antes de este en el relato de nuestro origen. El calor no es un pronóstico. Es el suelo que ya estamos pisando.

El trabajo mismo está cambiando bajo nuestros pies. El Fondo Monetario Internacional calcula que casi el 40 por ciento de los empleos en el mundo, y alrededor del 60 por ciento en las economías ricas, están expuestos a la inteligencia artificial. Y la mesa todavía no está puesta para todos. Las Naciones Unidas contaron unos 673 millones de personas que padecían hambre en 2024, y 2.3 mil millones sin acceso regular a alimentos suficientes.

La tormenta de afuera tiene una gemela adentro de nosotros. En la encuesta anual de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, el 77 por ciento de los adultos estadounidenses dijo sentir ansiedad por la economía, y el 43 por ciento dijo estar más ansioso que el año anterior, por encima del 32 por ciento de dos años antes. Entre la mitad y dos tercios de los estadounidenses dicen vivir al día, según quién pregunte. No hay instrumento que cuente cuántos de nosotros vivimos en lucha o huida. Estas son las condiciones que mantienen ahí a un cuerpo: la urgencia, el ruido y una alarma que suena desde el momento en que despertamos.

Un cuerpo en ese estado no puede quedarse con un relato el tiempo suficiente para que cambie algo. No puede leer un terreno que cambia, y no puede organizar nada. Está ocupado en sobrevivir al día. Esa es la verdad dura, y el libro no la suaviza.

Aquí está la verdad generosa, igual de clara. Hay un camino para cruzar, y ya se ha recorrido antes. El clima que se descompone, el trabajo que se va apagando, los sistemas que dejan de responder: todo eso lo enfrentaron nuestros propios ancestros, en todos los continentes y en todas las lenguas, y salieron del otro lado todavía cantando. Dejaron las instrucciones en el cuerpo, en el relato y en el canto. No las perdimos. Dejamos de leerlas.

La nueva portada lleva eso. Yo quería a los ancianos de espaldas a nosotros y un horizonte visible debajo del fuego, el camino en el rojo de Sedona, la meseta de un lado y las montañas del otro. Luego vino un último cambio, y ese fue el que hacía falta. Las figuras del camino se volvieron una familia, un hombre y una mujer con un niño que camina entre los dos y les da la mano a ambos, rumbo al río.

Portada de The Council Fire, de Tony Skrelūnas. Un gran anillo de luz sostiene el título sobre una meseta roja y montañas nevadas. Cuatro ancianos con mantas de diseños están de pie, de espaldas a nosotros, mientras una pequeña familia baja de la mano por un camino rojo hacia un río.
La nueva portada de The Council Fire. Cuatro ancianos de espaldas a nosotros, y una familia que recorre el camino rojo hacia el río.

Más que un relato

Antes de que hubiera internet, había un cuerpo capaz de cruzar un desierto con una biblioteca adentro. Durante casi toda la historia humana, todo lo que importaba se movía de una sola manera: dentro de un ser humano entrenado. Los mensajeros lejanos de los desiertos llevaban lo que el pueblo necesitaba a través de un terreno que mata. Los mensajeros lejanos de los océanos encontraban una isla en un mar sin final a la vista leyendo el oleaje. Los mensajeros lejanos de las montañas corrían los caminos de piedra por encima de las nubes. Y los mensajeros lejanos del tiempo llevaban todo el saber de un pueblo hasta un bisnieto al que nunca iban a conocer. Todos los pueblos de la tierra los criaron, y cada uno de nosotros los tiene en su linaje.

Un cortometraje de 76 segundos para The Council Fire. Los mensajeros lejanos de los desiertos, de los océanos, de las montañas y del tiempo.

El libro sigue a doce guardianes en seis continentes, ninguno de los cuales ha oído hablar a los demás. Käthe custodia las bombas bajo el Ruhr que nunca se pueden apagar. Illary sube sus semillas por los Andes, adelantándose al calor. Nizhoní, que es Diné, vuelve a casa y encuentra que quienes sabían todo aquello habían dejado de tener relevo. Se encuentran unos a otros, crean las palabras para lo que está pasando, porque las palabras viejas lo hacían pequeño, y luego construyen.

Lo que construyen es un arca, y no es un barco. Es un método, una manera de asegurarse de que lo que un pueblo sabe sobreviva a la travesía, guardado en el cuerpo, en el relato, en el canto y en doce objetos pequeños que pasan de un par de manos al siguiente. Cada valle, su propio fuego. Cada fuego, su propio guardián. Nada guardado en un solo lugar donde un mal siglo pueda llevárselo.

Del otro lado reconstruyen a propósito, con lo que ya funcionaba. La riqueza se cuenta en cuatro clases en vez de una, financiera, relacional, cultural y natural, y el libro de cuentas se lee en voz alta ante toda la comunidad en el solsticio de invierno. Se construye una economía de manera que no se pueda ir del pueblo. Y a todo se le hace una sola pregunta antes de construirlo, la misma pregunta de mi sueño: ¿esto honra a los bisnietos?

Los guardianes son inventados. Casi nada de lo que hay debajo de ellos lo es. La última mina de carbón de piedra de Alemania sí cerró cuatro días antes de Navidad, y el agua bajo el Ruhr sí tiene que bombearse para siempre. Los caminos hacia adelante también son reales: una comunidad que es dueña de su sol en vez de alquilarlo, la riqueza contada en cuatro clases, un consejo que le hace una sola pregunta a todo lo que construye.

El capítulo que yo le pondría en las manos a cualquiera que trabaje en sanación es el de lo que un pueblo tuvo que volver a cultivar. Una médica que ha pasado treinta años midiendo lo que el miedo sostenido le hace a un cuerpo, y después a los hijos de ese cuerpo, lo dice con todas las letras: «El miedo no solo duele. El miedo incapacita». Luego da la mitad generosa de la misma verdad. Primero asentar el cuerpo, después construir, y darle tres generaciones, quizá cuatro, un niño y una familia a la vez.

Debajo de todo hay un solo propósito, y no es sobrevivir. Es criar personas lo bastante enteras para cruzar, asentadas en el cuerpo, claras en la mente, capaces de llevar lo que importa por un paso difícil y llegar con ello intacto. Para eso es la sanación. No comodidad. Capacidad. Este es un libro sobre reconstruir dos generaciones a la vez, la nuestra y la que viene después, para que cuando les toque construir, construyan desde el saber y no desde el pánico.

Para quién es

El libro está hecho para contarse en voz alta. Empieza poniéndole una piedra en la mano, y al final trae completa la respiración de piedra, una manera de llevar un círculo de lectura como un consejo y no como un club de lectura, y una travesía para jugar de pie. Cada sección tiene la medida de una noche y una voz.

Se escribió para quienes ya cargan algo por otras personas: la abuela que guarda la lengua en la mesa de la cocina, el ingeniero que se queda cuando el trabajo ya se fue, la persona joven que volvió a casa a aprender aquello de lo que los veranos solo le mostraron la orilla. Se escribió también para quienes van en camino de llegar a ser eso. Si ese es usted, lo sabrá en unas cuantas páginas.

The Council Fire tiene unas 110,000 palabras, con un glosario de las palabras antiguas y apéndices de trabajo al final. Se consigue directamente en Payhip por 20 dólares en payhip.com/b/GB2eg, y la página del libro en ancestralwatch.com trae un fragmento y a los doce guardianes con sus pueblos.

La primera voz del libro es de alguien que vive siete generaciones después, con los doce objetos en las manos, y que dice del mundo que los guardianes hicieron a partir del que estaba roto: «Aquí es duro, y es bueno».

Venga, siéntese junto al fuego. Hay lugar. Siempre hay lugar.


Tony Skrelūnas is Diné (Navajo) and Lithuanian. He writes The Ancestral Watch — Stone Breath, The Amber and the Stone, The Council Fire and The Far Messengers — and the working reader, Living as a Far Messenger. He is a PhD candidate; his dissertation looks at human and organizational performance through Diné and Lithuanian ancestral knowledge and the Japanese practices he has long studied. He holds a faculty appointment at 1440 Multiversity, where teaching is the center of the work now. He runs at dawn and hikes with a corgi named Roper.

Última revisión: octubre de 2026.